“Responso por José José” de la pluma de Fermín Ramírez

RESPONSO POR JOSÉ JOSÉ

Por Fermín Ramírez*

“QUÉ TRISTE FUE DECIRNOS ADIÓS, CUANDO NOS ADORÁBAMOS MÁS…”

Marcó con su voz, con sus inefables interpretaciones, la vida emocional de millones de personas.

Y lo sabía a la perfección.

El modo en que marcó mi historia sentimental es simple.

A la edad de 12 años, como resultado de una niñez atroz que sólo Freud podría desentrañar (infancia es destino, dicen los que saben), era un adolescente introvertido, cabizbajo, meditabundo y macilento que se estrenaba en la secundaria con el sobrenombre de “El Triste”.

Entre apodos que eran verdaderos nombres de batalla (como “Najayote”, “El Burro”, “El Gato”, “El Pata” y “El Guapo Ben”) el mío era más bien un alías muy sin embargo.

Cuando uno de mis compañeros asumía que era la hora de jorobar (“bulear”, dicen en estos tiempos), engolaba la voz frente a mí y canturreaba: “Qué tiste fue decirnos adiós, cuando nos adorábamos más…”

Pese a que sabía que eran puras ganas de molestar, no me disgustaba para nada que me trajeran a colación esa canción que había conmocionado a México y al mundo hispanoparlante cuando José José la interpretó el 1970 en el Teatro Ferrocarrilero, en la final del Gran Premio de la Canción Iberoamericana (que luego se conoció como Festival OTI), impresionando a propios y extraños, como dicen los clásicos.

En la misma secundaria, cuando los maestros estaban aburridos, creo, promovían concursos de canto u oratoria en el salón.

Recuerdo, todavía con la boca abierta, la magnífica versión que hizo “a capella” mi entrañable amigo Moisés Saúl Guarro González de la canción “Nadie, simplemente nadie”, que era también entonces sonado éxito de “El Príncipe de la canción”:

“Nadie con esos ojos que me miran desde lejos,

con esa risa que entibiaba mi tristeza,

con esa boca de ternura tan audaz…”

En esos tiempos había encendidos debates en Radio Variedades acerca de quién tenía mejor voz, si Raphael o nuestro Pepe Pepe.

Y el debate se llevaba a votación a telefonazo alzado.

Muchos años después, el divino oficio de reportero me puso frente al mismísimo José José.

Lo entreviste hacia 1993, a propósito de la celebración de sus 30 años en la farándula y de la continuada promoción de su disco “40 y 20”.

Venía de lesionarse una pierna y se apoyaba en un bastón al caminar.

Estuve frente a un hombre amable, sencillo, con una altísima propensión a llamar a su interlocutor “hermano”.

Tras un dejo de seriedad y aun tristeza, había un artista simpático y bromista: “Dice el maestro Roberto Livi (cantauror argentino que escribió ‘40 y 20’) que su canción tiene que ver con todos los hombres, porque el que no tiene una novia 20 años menor, mínimo le gustaría tenerla”, me dijo rubricando el chascarrillo con una sonrisa melancólica.

Me habló de su trabajo con los compositores (señaladamente Rafael Pérez Botija y Manuel Alejandro), quienes lo interrogaban sobre su vida para escribirle canciones a la medida.

Hizo elogio de Armando Manzanero, Dino Ramos y de Roberto Cantoral (el autor de “El Triste”), pero describió con mayor detalle su trabajo con Pérez Botija, Manuel Alejandro y Roberto Livi.

“Rafael Pérez Botija es un sastre que escribe. Platica mucho contigo, se enfrasca en tu vida de una manera especial, sabe cómo preguntarte las cosas para conocerte, para ir delineando tu personalidad y escribir cosas a tu medida.

“Manuel Alejandro también me empezó a llamar a las cuatro de la mañana, por la diferencia de horarios con España, para preguntarme quién era, cuántas novias tenía. Yo le decía, entre dientes, ‘ya estoy casado’ o ‘recién casado’ o ‘tengo un bebito chiquito’. Entones entendía y me decía: “Ah, ahí está tu mujer y no puedes hablar. Luego te llamo.”

“Roberto Livi me llegó a decir: ‘Ya te vomito. Paso 24 horas pensando en José José. Todo el santo día’.

“Lo difícil es ponerte a interpretar lo que ellos escribieron, porque se trata de dos personalidades al momento de cantar: la del compositor y la del intérprete. Lo difícil al cantar era adivinar cómo querría el maestro Pérez Botija o Livi que yo cantara. O el maestro Manuel Alejando, que es muy purista ¡Hijo, no sabes! ¡Es muy complicado!”

En esa conversación, José José me habló sin ambages de su alcoholismo.

De sus profundísimas caídas.

“Mi alcoholismo ha sido una enfermedad devastadora, porque me ha llevado a otra resultante que, hermano, no le deseo a nadie: la depresión”.

En ese tenor, me habló de la sensibilidad de los artistas: de los que cantan, de los que componen música y de los que escriben.

“La gente que nos dedicamos a esto –y ustedes también (los periodistas) que escriben– creo que tenemos una sensibilidad muy especial, nos conmovemos fácilmente, pero también es fácil que nos lastimen.

“Como que Dios nos dio una fibra especial para poder hablar de algo que es muy sutil, como lo es la naturaleza humana, lo que nos puede pasar a todos en la relación hombre-mujer.

“Lo delicado está en lo nítido, en lo cristalino de la sensibilidad de esas vivencias, porque se refieren a lo más hermoso que llevamos dentro hombres y mujeres.

“Es difícil tratarlo, manejarlo, escribirlo, describirlo, proyectarlo, compartirlo. Por eso nos tachan de cursis a muchos de los que somos románticos, sólo porque creemos en lo más elevado de la personalidad humana”.

Me dijo que no se arrepentía de nada de lo que había vivido.

Y me refirió con altísima satisfacción que sus canciones fueron puente de amor entre numerosas parejas.

“Se ha casado mucha gente con mis canciones. Luego vienen y me dicen: ‘Nos tocaron ‘Amar y querer’ el día de nuestra boda ¡Qué padre se siente! Imagínate lo que deben sentir los compositores, que son los que verdaderamente están narrando eso. Son las satisfacciones de la carrera.

“Solo me queda dar gracias a Dios por todo lo que me ha tocado vivir, incluso lo desagradable, porque de ahí estoy sacando este hermoso presente”.

Y le pregunté qué se sentía ser tan famoso.

Me respondió:

“En mi caso, he saboreado la fama en dos aspectos: uno de ellos, muy dulce y bonito, es el ser reconocido, trascender, habiendo, gracias a Dios, tenido control de calidad en lo que uno hace.

“Hay otra forma de trascendencia que no es sólo es la de ser reconocido, sino el saber que uno le está llegando a la gente a nivel íntimo, al nivel de compartir las vivencias.

“Esa es otra gran satisfacción que nos da la carrera, la fama, el saber que se tiene poder de comunicación, no nada más para exponer nuevas cosas, sino también para llegar al corazón de la gente. Esa es una de las grandes satisfacciones de la fama, de la vida pública”.

Así me lo dijo José José.

“LA HISTORIA DE ESTE AMOR SE ESCRIBIÓ PARA LA ETERNIDAD…”

* Filósofo, Maestro, Periodista, Escribano

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *