Palabras Más / ¿De verdad es necesario?

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De mi debilidad,

obtuve una fuerza que nunca me abandonó.

Jorge Luis Borges

Arturo Suárez Ramírez / @arturosuarez

Estimado lector, gracias. Los días de la pandemia van en este frío y triste diciembre, el gobierno de López Obrador está entretenido únicamente en contar muertos, utilizar una narrativa optimista que se fractura y cae por el peso de los argumentos, las evidencias, las cosas no están bien, el semáforo rojo y la desobediencia e irresponsabilidad del “pueblo bueno” acentúan la emergencia sanitaria, los hospitales en el centro del país al límite, los médicos cansados y destrozados anímicamente.

Salí de casa el domingo, un poco antes de las 8 de la mañana para ir al supermercado y comprar la despensa del mes, al llegar al lugar, el estacionamiento estaba a tope, apenas unos cuantos lugares entre la gente que iba y venía en algo poco usual, por fin me estacioné en lo más alejado de la entrada, luego caminé hacia la entrada del super donde serpenteante se miraba una fila de más de 200 personas que esperaban ingresar al establecimiento, hombres y mujeres de todas las edades, como si no existiera alerta de semáforo rojo por el Covid-19. Lo más sensato fue buscar una nueva oportunidad en algún otro lugar, ya sabe estimado lector, que en la capital sobran plazas.

La segunda alternativa, un lugar que no ha corrido con tanta suerte, no tiene tanta afluencia como otros, este se localiza a unos 3 kilómetros del primero. No hubo suerte, esta plazuela que tiene un supermercado con menores dimensiones que los otros, estaba cerrado, ahí decidieron cerrar todo, porque a decir de quienes trabajan ahí, luego lo supe, la mitad de los negocios han tenido que bajar la cortina, no les alcanza para la renta que oscila, según el tamaño y el negocio, entre los 20 mil y 50 mil pesos al mes, más los gastos de operación y la nómina de los trabajadores.

A 500 metros de la opción anterior se localiza una tienda departamental, era mi último intento en los grandes almacenes, entre de nuevo al estacionamiento, parecía la repetición de un sueño, lo que llaman déjà vu, cientos de personas iban y venían con bolsas de supermercado, con el árbol de Navidad, con las botellas de licor, la despensa. Una fila interminable, sin sana distancia, algunos sin cubrebocas, eso sí, no hay garantías todos expuestos a que se te pegue el maldito virus que nos tiene confinados hace nueve meses.

Terminé comprando lo más que necesitaba en el mercado de la colonia y en la tienda de abarrotes de la esquina, decidí no ponerme en un lugar de mayor riesgo en los grandes almacenes, decidí no luchar entre un mar de personas por algún producto de esos que se arrebatan en esta temporada. Estamos en semáforo rojo y el gobierno de la 4T le ha renunciado a su obligación de cuidar a la ciudadanía, le ha transferido toda la responsabilidad al “pueblo bueno”, pero eso no existe, más que en la mente del presidente.

Eso sí, cuidar nuestra salud es únicamente nuestra responsabilidad, si nos ponemos en lugar de riesgo, al mismo tiempo lo hacemos con nuestros más cercanos. Solo hay que ver las imágenes del Centro de la Ciudad de México, las tiendas comerciales, los almacenes de ropa y debemos detenernos a reflexionar ¿Por qué el sistema de salud está a punto del colapso?

Vamos a cuidarnos.

Entre palabras

¿Con la profesora Delfina Gómez en la SEP nos va “ir requetebién”? 

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Hasta la próxima.

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