La Esperanzadora Marcha, en la Puebla con un Tiempo Nuevo

Se publicó originalmente en https://parabolica.mx/

Piso 17

La esperanzadora marcha, en la Puebla con un tiempo nuevo

(Álvaro Ramírez V.) La histórica marcha que este jueves encabezaron, principalmente, decenas de miles de estudiantes, para exigir mayor seguridad, justicia y que cese la impunidad, fue inspiradora, pacífica y ejemplar.

Pero sobre todo, sorteó las oscuras tentaciones de personajes y grupos con intenciones aviesas. El mérito es entero de estos jóvenes, quienes dejan certezas halagüeñas sobre el futuro que ellos encararán como líderes y profesionistas (profesionales es la palabra correcta), en el corto plazo.

La marcha pudo ser y darse así, precisamente como una manifestación genuina, legítima y libre, porque se da en una Puebla con un tiempo nuevo.

Uno que está ya alejado de los tonos oscuros del pasado reciente, ese de la rabiosa intolerancia, la represión y el castigo al disentimiento.

Puebla hoy es otra y eso se reflejó en las calles, en las arengas, en todos los ojos y las voces (se cuentan hasta en 150 mil) que la caminaron y la celebraron; en la posibilidad de inédito diálogo con las autoridades.

Hace apenas un par de lustros, el poder de la opresión la hubieran infiltrado y las palabras con sello fascista la hubieran satanizado.

Basta mirar al retrovisor de los últimos años y recordar los hechos de sangre y muerte de San Bernardino Chalchihuapan.

Igual o peor ocurrió en el pasado más lejano. En los años 60 o 70, cuando el régimen no solamente fue represor, sino también asesino.

Hoy tenemos un tiempo nuevo.

Y lo consiguió también la sociedad.

Eso se ha reflejado en este 5 de marzo, en las decenas de miles de voces que se hicieron escuchar.

También, posiblemente por primera vez, en décadas, los oídos de las autoridades dejaron de estar sordos.

Hubo atención a las demandas y propuestas sinceras de solución.

Los críticos fátuos ignoran lo extraordinario e inusual que es, en nuestra Puebla con los recientes antecedentes, que un mandatario reciba y hable con los estudiantes. Que les dé la cara sin el séquito de seguridad, sin las máscaras de la simulación.

Es trabajo de todos, como reconocieron en diálogo Barbosa y los estudiantes. Eso no hay que perderlo de vista.

Con los asegunes que ven muchos, es un régimen de izquierda el de ahora, el del tiempo nuevo.

Afortunadamente, también, la expresión estudiantil se blindó a los oportunistas, esos quienes ahora en proclamas en redes sociales se cuelgan, desde la comodidad del móvil o la computadora.

Lo más relevante, sin embargo, en la memoria colectiva ha sido el ejemplar movimiento de los jóvenes en sí. (Sigo pensando que fue riesgosa e innecesaria la presencia de los rectores. Allá ellos).

La juventud estudiantil supo mutar el duelo y la rabia por el asesinato de sus compañeros, positivamente, en acciones que buscan solucionar el enorme problema, añejo, perversamente arrastrado desde hace años, de la inseguridad.

Cinco compromisos lograron tras la reunión con el gobernador: más vigilancia alrededor de las universidades y centros educativos; la creación de una Fiscalía Especial de Atención a Universitarios; dos mil nuevos policías; refuerzo a la seguridad en las unidades del transporte público; y representación universitaria permanente en el Consejo Ciudadano de Seguridad Pública.

Falta tanto por hacer, pero los inspiradores universitarios poblanos, su valentía, su compromiso social, han conseguido el primero de muchos más pasos que hay que dar.

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