De aquí para allá

Aliados, no otra cosa

Por Roberto Acevedo Acosta

El tema de la igualdad de los derechos la mujer con respecto al hombre, son más visibles que nunca. El M8 (8 de marzo) como se ha denominado a la fecha para conmemorar sus derechos en el marco del Día Internacional de la Mujer, da pie a toda clase de manifestaciones desde las más extremistas hasta las más conciliadoras, y muchas personas probablemente me descalifiquen para hablar de la situación de la mujer con el argumento de no conocer el tema con profundidad, al ser hombre, y no sufrir las desventajas que tiene que experimentar una mujer diariamente; y  es verdad que no tengo un amplio conocimiento de las cifras y circunstancias que rodea al tema pero tengo madre, esposa, hermanas, una hija y amigas lo cual considero me da cierto derecho de expresar muchas cosas.

De entrada hay que celebrar que se habla del tema porque eso indica que más allá de los problemas, que estamos aún lejanos de reducir,  hay un amplio debate sobre el papel de la mujer apartir de sus derechos. Todos los caminos se enfilan hacia la igualdad de género y no se puede negar qué hay avances en ciertos temas pero igual hay retrocesos en otros.

Hay avances en cuanto a la visibilidad de las propias mujeres que no solo salen a la calle para manifestarse sobre sus derechos, sino también han logrado abrir muchos más  frentes para hacerse presentes pasando por la academia, la cultura, la política y muchas áreas más

Me parece que es necesario un cambio en el tono de la narrativa, sin dejar de señalar los atropellos e injusticias pero buscando fórmulas que realcen la necesidad de una alianza de género. Ni uno por encima del otro. El varón no es el enemigo a vencer sino el aliado que va ayudar a reducir los niveles de desigualdad.

Hay avances innegables en la participación de la mujer y su peso en la conformación de la sociedad. Esto se puede percibir en la  creación  de leyes e instituciones que ayudan a darles más espacios  en un ámbito de igualdad de género.

Pero tristemente sigue siendo pan nuestro de todos los días un sinfín de actividades que minimizan el rol de la mujer en la sociedad.

Sigue siendo común el hostigamiento sexual en el trabajo, el menosprecio a sus capacidades laborales e intelectuales reflejado en salarios poco competitivos y así pudiera enumerar más circunstancias que dejan latente la necesidad de reflexionar sobre el rol del hombre en la valoración e igualdad de la mujer, más allá del plano familiar.

Es aquí donde surge la necesidad de reformular la narrativa a partir de una alianza entre unos y otros con el propósito de alcanzar igualdades. Y eso se debe empezar a trabajar desde los primeros años de vida. No es descabellado pensar en programas que desarrollen la idea de una igualdad en todos los sentidos y es ahí donde está el verdadero reto porque no va ser solo en el núcleo familiar donde debe germinar esta tendencia sino también en el ámbito escolar y legal.

Falta mucho camino por recorrer, pero como hombre me atrevo a decir qué hay buenas expectativas de cara al futuro. Me queda claro que los cambios no son un tema de años, sino de generaciones y estamos a tiempo de generar políticas públicas que den por resultado una igualdad de género que no solo sea en el papel sino en el día a día, en cualquier lugar, bajo cualquier circunstancia. Ni uno por encima del otro.

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